domingo, 17 de abril de 2011

Las ocurrencias y locuras de la Gorda Italiana

Como les conté fui a desayunar al Hotel Riu con mi primo Tomy, algo caro, pero el desayuno estaba bueno, quede repleta por no decir llena, porque como dice mi amigo Julio, lleno, solo el tambucho de la basura.

Como buena gorda me comí todo lo que me serví en el plato porque en mi mente siempre está “Para que se pierda mejor que haga daño”. Así me olvidé completamente que tenía un almuerzo a las 2:00 p.m. con un compañero de trabajo que no conoce lugares buenos para comer. Gracias a Dios me atrasaron la cita para las 6:00 p.m.

Como mi emoción era tan grande de ver tanta comida para el desayuno (el desayuno es la comida mas importante del día y mi comida favorita), la emoción incluía el baile de niña que significa felicidad, perdí la noción del tiempo, y comí y comí de todo muy rápido para evitar el mensaje del cerebro de “ya no puedes mas”. Aunque no lo crean terminé pidiendo cacao, la Gorda pidiendo cacao, ya se imaginarán todo lo que comí. 

He tenido una tarde muy dura para bajarme el desayuno de las 9:20 a.m., mi primo no paro de bostezar desde que salimos del hotel, ustedes saben que después que uno come se te mueve la sangre, se siente la presión baja y lo único que se anhela es una hamaca entre dos palmera con una brisa de verano para darse una siestecita.  Era obvio que así no podíamos ir a la casa a dormir, así que nos fuimos a andar.

Después del gusto llego el disgusto,  el cargo de conciencia “cómo comí” (pero en esta vuelta ni un Sal de Andrews arreglaba la situación) …Nos fuimos a todas las Farmacias Arrochas buscando la comida de mis gatos que se había terminado donde siempre la compro, dos horas después de tanto andar seguíamos con la comida en la garganta, así que aproveche la última parada para pedir al farmaceuta algún medicamento para hacer la digestión porque en mi mente retorcida de gorda italiana solo venía “menos cancelar la cena”, a una buena comida jamás se le dice que no.

Así que me tome dos pastillas, y me puse a andar por toda la casa para tratar de bajarme la comida, me tome dos tazas enormes de té, no sabía como sentarme, como caminar, me leí La Prensa entera, jugué en Facebook, leí, escribí, fui al baño mil veces, arregle cosas en mi cuarto bote cosas que no servían y nada, seguía igual y se me acercaba la hora de la comida. 

Me dieron las 6:00 y sentía que acababa de comer, pero igual me arreglé y me fui a La Papa, pero apenas la Gorda Italiana entró al restaurante, se me olvido el desayuno, y los olores por arte de magia me bajaron todo el desayuno y ya estaba lista para comer. Ahí si debo agradecer a la gorda italiana que por ser tan divertida con la comida, la paso excelente comiéndose  un ajiaco riquísimo, destruyendo y construyendo el mundo.

Mañana inicio la semana haciendo sudar a la gorda y midiéndole la comida porque lo gozado no me lo quita nadie, amo los domingos de comedera.


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